ASTÉRIX 50 AÑOS CON ASTÉRIX CON POLÉMICA

Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia esta ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor.

Así comienzan todos los álbumes del pequeño Astérix que estos días cumple 50 años. Para celebrarlo, Salvat publica en España “El Aniversario de Astérix y Obélix. El libro de Oro”.

Con 56 páginas, el álbum, que hace el 34 en la historia de los galos más famosos del arte secuencial, no hace sino ahondar en la eterna polémica que siempre ha rodeado la serie desde el fallecimiento en 1977 de René Gosciny.

Gosciny, que cuando le preguntaban por su trabajo en Astérix se definía a sí mismo como “el otro”, fue uno de los guionistas más importantes de la historia del cómic mundial. De su pluma surgieron series tan legendarias como Lucky Luke, Iznogoud, Dingodossiers o los libros infantiles de El Pequeño Nicolás, pero fue con Astérix con el personaje que conseguiría mayor reconocimiento.

Desde su nacimiento el 29 de octubre de 1959 en las páginas de la revista Pilote, Astérix han vendido más de 350 millones de álbumes en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los mejores ejemplos del enorme potencial que tiene el cómic para atraer a público de todas las edades y lugares.

Seguramente los últimos 30 años, con las películas y las mediáticas presentaciones de cada nuevo álbum, han servido para popularizar más la serie, pero son muchos los que piensan que familias, editoriales y coautores debieron haber seguido el ejemplo de Hergé, padre de Tintin –la otra gran serie europea-, y dar por finalizada la cabecera a la muerte de Gosciny.

Ya fuese por su genialidad o por sus profundos conocimientos históricos, ninguno de sus sucesores ha sabido estar a su altura, corroborando la opinión, más o menos generalizada en el medio, de que cada álbum de Astérix sólo contribuye a engrosar la cuenta corriente de Albert Uderzo, un dibujante metido a guionista que es famoso por su ego descomunal, su colección de Ferraris y su gran capacidad de aburrir con historias insulsas.

El dibujante francés Albert Uderzo con Astérix y Obelix.

Si nos atenemos a las dos cartas que se publican en “El Aniversario de Astérix y Obélix”, parece que Uderzo continúa buscando el reconocimiento que nunca ha tenido. En la primera, Anne Gosciny, hija de René, le dice a Astérix que tienen una deuda común con Uderzo porque hizo, de forma unilateral, que la obra de su padre

siguiese adelante. En la segunda, más esperpéntica todavía, es el propio Astérix el que escribe a Uderzo, dándole las gracias tanto por no haberlos dejado morir a como por haber permitido que Gosciny "siga vivo a través de estas páginas".

Y es que la sombra de Gosciny ha debido ser muy larga estas tres décadas. Hasta el más pequeño de los lectores nota la bajada de la calidad de las historias y no se deja engañar por la aparición de su nombre en la cubierta u homenajes como el que el dibujante le hizo en “La Odisea de Astérix”, dónde Gosciny aparece como el hebreo Saúl Oysolteroenlaví, que guía a Asterix y Obelix hasta la orilla del Mar Muerto.

Estos guiños buscan congraciarse con los fieles lectores que por un afán completista no han abandonado la serie aunque los tomos a partir de “La Gran Zanja” ocupen otra estantería. Es a ellos a los que por la cantidad de veces que han oído lo mismo, les resulta difícil creer los rumores que dicen que están ante el último álbum de la serie, de ahí que tengan depositadas sus últimas esperanzas en los sufridos legionarios de los campamentos romanos de Babaórum, Acuárium, Láudanum y Petibónum. Con un buen mando quizás consigan por fin acabar con la aldea que tan buenos momentos no dio.

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