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La historia de Tintin, el reportero que en 2004 cumple 75 anos, es inseparable de la de su creador, Herge, que en algunos momentos de su vida se vio como un prisionero condenado a trabajos forzados por su personaje. Considerado por muchos como el comic mas influyente de la historia, es probablemente tambien el mas popular. Un exito basado en unos aspectos simples pero efectivos
Georges Remí verdadero nombre de Hergé, describió su infancia como una época realmente triste. Se veía como un muchacho mediocre que no encajaba ni destacaba en nada. En su época adulta Hergé no pudo contar con esa patria ideal que aporta alegría en los momentos difíciles, pero se vengó creando un mundo en el que el protagonista se movía siguiendo los valores simples de un niño: bondad y maldad. Según sus propias palabras, recogidas en el documental Tintín y Yo, su vida siempre estuvo marcada por los principios del movimiento scout. |
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A simple vista, las aventuras de Tintín no son más que una lucha del bien contra el mal, pero si dejamos de lado sus dos primeros trabajos Tintín en el País de los Soviets y Tintín en el Congo considerados como pecados de juventud por el autor-, nos encontramos con obras de múltiples lecturas. Es cierto que la acción es lo predominante, pero la crítica social y el afán por mostrar los peores aspectos de nuestro mundo, nunca faltan. Este dualismo, utilizado también en otras series de éxito -Los Simpson sería un magnífico ejemplo-, permite que puedan disfrutar de las historias tanto niños como adultos. Mientras unos ven al héroe luchar contra los villanos de turno acompañado de ocurrentes gags, el tintinófilo se deleita con la sátira política y los recurrentes juegos de palabras. La sólida construcción del guión jugó un papel primordial en el éxito de Tintín. Hergé siempre mostró una fijación por la documentación. Para llevar a cabo cada obra leía una cantidad enorme de libros, acumulaba fotografías, se entrevistaba con personajes que conociesen de primera mano los temas a tratar, además de coleccionar cualquier recorte que pudiese servirle en el futuro. Esta minuciosa clasificación de información permitía dotar a sus álbumes de un valor añadido. Los personajes y lugares tenían una entidad que los hacía parecer reales. |
| Además de aplicar todo el trabajo de campo a los guiones -que a partir de Tintín en América tuvieron un importante salto cualitativo-, el dibujo fue el mayor beneficiado. A lo largo de los 50 años de vida activa de Hergé y Tintín, su forma de publicación fue diversa. Desde sus comienzos en el periódico católico Le XXe Siècle, dónde se publicaba semanalmente una plancha en blanco y negro en su suplemento Le Petit Vingtième, hasta los últimos álbumes concebidos en color, Vuelo 714 para Sidney y Tintín y los Pícaros -para los que hubo que esperar 4 y 8 años respectivamente-, el gusto por detallar absolutamente todo fue creciendo exponencialmente. |
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| Del Tintín de las primeras aventuras con un dibujo tosco cargado de movimiento, pero con pocos fondos, se fue pasando a páginas en las que el mobiliario, los cuadros o los aparatos eléctricos eran fieles reproducciones de la realidad del momento. Puede que con la “reconstrucción” de cada historia para pasarla al formato de 62 páginas se perdiese frescura, pero el delicado color y los fondos aportaban nuevos matices. Este cambio de las historias y dibujos de una edición a otra siempre ha sido fuente de críticas hacia Hergé. Si el autor belga no hubiese dedicado tanto tiempo a convertir sus primeras historias a formato álbum en blanco y negro, y posteriormente a color (por no hablar de segundas y terceras ediciones adaptadas a diferentes mercados), habría podido crear nuevas obras de Tintín u otros personajes. Para el trabajo de “adaptación” y “detallado” Hergé tuvo que contar con colaboradores que dibujaban los fondos, buscaban la documentación y daban el color. Según muchos, los Estudios lo que hicieron fue matar la frescura y convertir el personaje en un excelente negocio que permitía engrosar la cuenta corriente de Hergé. La esclavitud de Tintín puede que fuese real, pero sin Tintín Hergé tampoco habría podido dar rienda suelta a su pasión por el coleccionismo de obras de arte. |
| Uno de los mejores ejemplos para apreciar el cambio al que fueron sometidas las historias originales es La Isla Negra. Este trabajo, iniciado en 1937 en un clima prebélico y con fuertes influencias del cine de Hitchcock, tuvo poco después una versión en álbum en blanco y negro, y posteriormente fue readaptado al color en dos ocasiones. Los editores británicos pidieron que se cambiasen 130 detalles de la edición de 1943, y Hergé accedió, dejando el trabajo en manos de uno de sus principales colaboradores, Bob de Moor. Tras el viaje al Reino Unido, de Moor y otros colaboradores modificaron entre otras cosas todos los vehículos (prestando especial atención a los aviones), la ropa, los edificos y la publicidad. Es en el caso de la publicidad dónde nos encontramos con algunos cambios especialmente significativos: el vagón cisterna de Johnnie Walker pasa a ser de Loch Lomond -el whisky consumido por el Capitán Haddock-, desaparecen los anuncio de Ginger Beer y especialmente el clásico eslogan de “Guinness is good for You!”. Para diferenciar ambas ediciones se creo una nueva portada, inaugurando una época de coleccionismo de ediciones que ha llegado hasta la actualidad. |
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Ocupacion y fascismo |
Si el interés en las obras de Hergé se ha prolongado durante estos 75 años, lo mismo se puede decir de los rumores que apuntan a una simpatía del autor hacia los movimientos totalitarios. Tras analizar su figura y trayectoria, casi todos los especialistas coinciden en que Hergé fue, al igual que muchos europeos, víctima de las circunstancias. El periódico Le XXe Siècle, donde se publicaban las aventuras de Tintín antes de la Segunda Guerra Mundial estaba dirigido por el padre Norbert Wallez, un personaje que veía con buenos ojos a cualquiera que luchase contra el comunismo. Desde su oficina presidida por un retrato de Mussolini, fue el encargado de enviar a Tintín a dos destinos que le otorgaron una fama injusta. En El país de los Soviets, Tintín presentaba la Rusia comunista como uno de los peores lugares del Tierra. Siguiendo la editorial de su períodico y las lecturas recomendadas por su director, Hergé creó una historia reaccionaria muy cercana al panfletismo. Algo parecido sucede con Tintín en el Congo, dónde el canto al colonialismo belga y a la actividad evangelizadora de los misioneros es evidente. Aunque en la edición a color se cambiaron numerosos detalles, los negros siguen figurando como seres infantiles que deben ser dirigidos por blancos.Hergé debió darse cuenta de que ese no era el camino a seguir por su personaje, y en las obras siguientes las cosas cambiaron. En Tintín en América, criticó la situación de indios y negros con viñetas en las que se veía el efecto del capitalismo salvaje en las reservas, o el racismo. Lo mismo puede decirse de Los cigarros del faraón en el que las actividades de los traficantes de armas contribuyen a la desestabilización de la región, o El Loto Azul, dónde se critica el expansionismo japonés en China y la indiferencia de las potencias mundiales. La publicación de El Loto Azul le valió a Hergé las protestas de los diplomáticos nipones en Bruselas. |
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Con la invasión alemana de Bélgica Le XXe Siècle fue cerrado. Hergé se enfrentó a la decisión de cesar su trabajo o tratar de volver a la normalidad publicando en un periódico controlado por los nazis. En Le Soir, Tintín y Milú contaron con una repercusión enorme, las fuerzas de ocupación hacían que sus noticias propagandísticas llegaran a todos los lugares. Este “colaboracionismo” unido a su amistad con Léon Degrelle, líder del partido fascista belga le valdría una depresión tras la liberación de Bélgica. Aunque su amistad con Degrelle venía de la época en la que eran compañeros en Le XXe Siècle, y Hergé se había negado a hacer ilustraciones para su partido, para muchos “Milú había metido el hocico en los cubos de basura alemanes”. Esos alemanes no habían dudado en prohibir La isla Negra (porque había un escocés en la portada) y Tintín en América por sus referencias a países enemigos, pero la censura no tocó El cetro de Ottokar, el álbum más antifascista de Tintín. La época de la ocupación estuvo marcada por historias en las que no había ninguna alusión a la guerra, son aventuras en estado puro, joyas que atrapan como El cangrejo de las pinzas de oro, La estrella misteriosa, El secreto del Unicornio y El Tesoro de Rackham el Rojo. |
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En septiembre de 1944, Hergé pasó a ser un kolaborador, siendo detenido cuatro veces pero nunca acusado directamente. Tras las numerosas críticas, las parodias y la cuarentena -dos años sin publicar en Bélgica durante los cuales trabajó con Edgar-Pierre Jacobs en las adaptaciones a color-, llegó su liberación. En 1946, Raymond Leblanc, que había sido un activo miembro de la resistencia francesa, le ofreció a Hergé la posibilidad de volver a publicar. El 26 de septiembre de ese año salió a la calle el semanario Tintin, dónde junto a las aventuras del reportero que no escribía artículos se publicaban historietas de otros dibujantes. El éxito fue enorme y Hergé comenzó a trabajar en color directamente por primera vez. |
| Viajando sin salir de casa |
Hergé ha sido comparado innumerables veces con Julio Verne. Las aventuras de los dos genios son el sueño hecho realidad de un niño que ha visto miles de veces las páginas de su manoseado atlas. Hergé negó en varias entrevistas tener alguna influencia de Verne, para él una de sus mejores herramientas era el National Geographic (revista a la que estuvo suscrito toda la vida) y los libros de viajes con ilustraciones. Llevar a Tintín a China, Asia, África, América del Sur o Australia, servía para dotar a la aventura principal de una mayor riqueza. Los decorados -que ganaron mucho con la aplicación del color- permitían que el lector se metiese más en la trama. El Templo del Sol y Tintín en el Tibet son dos de las mejores muestras de la importancia del escenario en el comic. |
Los coloridos paisajes de los indios y la magnificencia de las montañas heladas actúan como un personaje que domina y condiciona todas las páginas. Pero sin llegar a territorios tan lejanos Hergé, y sobre todo sus colaboradores E.P. Jacobs y Bob de Moor, plasmaron de forma impecable los paisajes de Suiza (El Asunto Tornasol) y la calles de ciudades a las que cambiaron el nombre y situaron en los países imaginarios de Borduria y Sildavia. Para llevar a cabo sus travesías, Tintín se valió de una gran cantidad de vehículos. Trenes, aviones y automóviles están perfectamente reproducidos en las viñetas, pero son los barcos los que más detalle merecen. Desde que fue criticado por el dibujo del Aurora (La estrella Misteriosa), Hergé utilizó siempre maquetas y fotografías para conseguir un mayor realismo. “Lamento no haber utilizado una maqueta para dibujar el Aurora. Este barco no está muy conseguido. En el mar no aguantaría”, confesó Hergé a Numa Sadoul. La importancia de los barcos es tan grande en Tintín que recientemente se ha organizado una exposición acompañada de un libro con el título ¡Rayos y Truenos! Tintín, Haddock y los barcos. Después de una veintena de aventuras por los más diversos lugares, Tintín parecía cada vez menos interesado en abandonar Moulinsart. En Las joyas de la Castafiore se había quedado en casa, y aunque en Tintín y los Pícaros (la última aventura acabada) había vuelto a Sudamérica para participar en una revolución -los Pícaros llevan bigote en una clara similitud con los barbudos de Castro-, lo hizo de mala gana. Tintín y el arte-alfa, dejaba los viajes a un lado y se centraba en el mundo del arte, la auténtica pasión de Hergé, pero lo que viendo la viveza de los trazos prometía ser uno de los mejores trabajos quedó en bocetos al fallecer el maestro el 3 de marzo de 1983. Tenía 75 años y el mundo del comic perdía a uno de sus más grandes genios. Tintín y Milú lloraban la muerte de su padre.
©2008 Alberto Benavides por los textos / Moulinsart por las imágenes |

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